Actores no tradicionales del sistema internacional y el medio ambiente

Publicado por primera vez en la revista Cosmos de la Universidad Alejandro de Humboldt

Las preocupaciones sociales por el equilibrio ecológico no son preocupaciones recientes. Sin embargo es en esta era de las redes sociales y los medios de comunicación masivos en dónde han dejado de pasar desapercibidas y se han colocado en la palestra del debate político. Además, en el pasado eran discusiones casi exclusivas de la comunidad científica, pero hoy en día se han propagado hacia una porción significativa de la sociedad civil y han forzado al establecimiento de agendas nacionales e inclusive internacionales para tratar el tema del deterioro medioambiental y sus riesgos.
Los Estados han convocado paneles de discusión, cumbres, foros internacionales, convenciones y otros instrumentos de derecho internacional para esclarecer los efectos de las actividades humanas en el medio ambiente. También se han negociado y firmado diversos instrumentos legales para contrarrestar o disminuir los efectos negativos que tengan un impacto visible y significativo en el corto y en el mediano plazo. Se han identificado problemas como la desertificación de los suelos, la contaminación del agua, destrucción de la capa de ozono, extinción de especies animales, deforestación, gestión de desechos y cambio climático entre otros. Se han firmado una multitud de tratados internacionales y convenciones,algunos más célebres que otros, tales como los protocolos de Kioto y Montreal, o la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD), Convenio sobre Diversidad Biológica (CDB), etc.
Los Estados logran objetivos modestos con estos acuerdos. Mucho se habla de la falta de voluntad política y sin embargo, el tema medio ambiental está en la agenda mundial porque la población de algunos países democráticos presiona lo suficiente para que sus políticos se vean obligados a tomar cartas en el asunto. Aun así, estos esfuerzos se hacen vacuos por cuatro motivos: 1) por la magnitud de los problemas medioambientales que enfrenta el mundo, 2) por la minúscula fracción de actores involucrados y trabajando por el cambio en los patrones de producción y consumo de recursos, así como la interacción humana con su ecosistema, 3) Por la aparente inevitabilidad del deterioro ecológico frente al progreso industrial, científico y tecnológico de las sociedades, y 4) Por el desgastado paradigma económico que coloca al medio ambiente en contraposición directa a la maximización de los beneficios y reducción de los costos.
Vale decir que los Estados están materialmente limitados para lograr cambios positivos con respecto a los riesgos medioambientales que se plantean en el globo. Los individuos tienen un rol importante y los académicos aún discuten el alcance de su poder en este escenario o si realmente detentan poder en los términos en que un Estado o una Organización Internacional lo hacen. La sociedad se ha organizado en Organizaciones No Gubernamentales (Greenpeace, World Wildlife Fund) con diferentes grados de éxito para llamar la atención sobre varios de los temas que hemos mencionado. Ahora bien, entre todos estos actores internacionales, es meritorio destacar el rol de uno de los más significativos en la escena mundial por la capacidad que tiene de influir en el comportamiento de otros actores y por la cantidad de recursos que tiene a su disposición: la Empresa Multinacional.
El debate, siempre abierto, sobre el control de las empresas multinacionales fue especialmente dinámico en la década de los setenta de forma que se aprobó el “Código de conducta de la OCDE para las empresas multinacionales” (21 de julio de 1976) en el que se recogían una serie de recomendaciones a los gobiernos y a las empresas multinacionales de cumplimiento voluntario pero que contó con un apoyo generalizado por parte de las empresas. Se recogían dos tipos de recomendaciones: a) De carácter general, dirigidas a la aplicación de una ética voluntaria, y b) De carácter concreto, destinadas a aspectos como información, competencia, financiación, fiscalidad, empleo, relaciones industriales, ciencia y tecnología.
Se ha criticado el carácter voluntario de este instrumento internacional y muchas personas opinan que debería existir un tratado vinculante para regular el comportamiento de las empresas multinacionales. Sin embargo, de acuerdo al ordenamiento jurídico internacional, las compañías privadas (transnacionales o no), no son sujetos de derecho internacional público y por lo tanto los documentos a los que se adscriben no tienen la fuerza legal que tendría un tratado similar para con un Estado.
En todo caso, esto no quiere decir que este tipo de códigos o pactos para las empresas transnacionales no sean efectivos. La Organización de Naciones Unidas lanzó en el año 2000 el Pacto Mundial o UNGC por sus siglas en inglés, como una iniciativa para promover a escala global en las empresas la adopción de políticas sostenibles y socialmente responsables.El Pacto busca que las empresas multinacionales conduzcan sus negocios en sintonía con los principios de la ONU y que colaboren con políticas mundiales tales como la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
El Pacto Mundial establece diez principios a los cuales se acogen las empresas que se pliegan a esta iniciativa y las mismas deben reportar a diferentes agencias de la ONU. Estos principios incluyen asuntos laborales, anti corrupción, de derechos humanos y principios vinculados con el medio ambiente. Las empresas, de esto modo, trabajan en conjunto con la Organización Internacional del Trabajo, la Organización de Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo y el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, entre otros.
Los principios vinculados con el medio ambiente son: a)adoptar métodos preventivos hacia los problemas medioambientales, b) adoptar iniciativas que promuevan la responsabilidad medioambiental, y c) fomentar el desarrollo y la difusión de tecnologías inofensivas con el medio ambiente. Estos principios, algunos piensan que tímidos, son tomados de la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo.
Los éxitos en el apartado medioambiental han sido mixtos. El Pacto Mundial es un instrumento carente de medios para hacer cumplir los principios, y además estos son lo suficientemente vagos y flexibles para que la interpretación de los mismos sea laxa. Es por esto que existen muchas críticas sobre la efectividad y la pertinencia de pacto, que inclusive establece en la declaración de principios, que el Pacto Mundial no reconoce ni certifica que las empresas firmantes cumplan con dichos principios. En vez de esto, promueve el diálogo, los proyectos locales y la adopción de políticas.
Ahora bien, que la ONU no tenga los medios para hacer cumplir el pacto, y que las empresas no sean sujetos de derecho internacional público no quiere decir que las empresas no pueden verse obligadas a adoptar estos principios. Esta adopción “obligatoria” está vinculada con estrategias de mercadeo y con la percepción que la opinión pública nacional e internacional tiene de ellas. Los individuos informados y organizados, con respecto a las empresas, tienen un considerable poder potencial para influir en su comportamiento ya que son consumidores de sus productos y servicios, y su poder de decisión en mercados no monopólicos, afecta directamente el mayor interés de las empresas: las ganancias.
El fenómeno del cambio climático ha logrado que la sociedad civil en el mundo entero este un poco más consciente de su impacto en el medio ambiente y entienda el principio químico básico que acelera el calentamiento global: los gases con efecto invernadero. Las personas en el mundo entero entienden que el consumo de energía tiene como externalidad negativa la emisión de estos gases, especialmente por el uso de combustibles fósiles. De este modo, se comprende que el transporte y la generación electricidad son grandes responsables de este notorio problema medioambiental.
Es por esta razón que las empresas multinacionales vinculadas con el transporte y con la energía han tenido que cumplir, al menos de manera parcial con el principio del Pacto Mundial de fomentar y difundir tecnologías amigables con el medio ambiente. De nuevo, el cumplimiento se da, no por el Pacto Mundial per se, si no por la presión ejercida por los consumidores que desean productos y servicios menos nocivos para el clima. De este modo, las grandes corporaciones del sector automotor han tenido que desarrollar autos híbridos o eléctricos para no poder cuota de mercado, y las empresas de energía han tenido que investigar y desarrollar tecnologías que dependan menos de los combustibles fósiles para poder insertarse mejor en el mercado y/o competir con compañías que generan electricidad a partir de fuentes alternativas de manera exclusiva.
De hecho, bajo el manto del Pacto Mundial, el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente estableció una alianza con la empresa multinacional Phillips Lightning B.V., y diversas organizaciones estadales y organizaciones no gubernamentales llamada en.lighten, con el objetivo de promover una transición global hacia la iluminación eficiente. El uso de electricidad para la iluminación, según los datos del PNUMA, representa casi el 20% de la producción total global de electricidad y es responsable de casi un 6% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. Con esta iniciativa, se busca reducir estas emisiones a la mitad.
Adicionalmente, se ha instaurado el Pacto Mundial - Programa Ciudades, que fue conformado como un componente del pacto, enfocado en el desarrollo urbano sostenible de las ciudades. El propósito de este programa es mejorar la calidad de vida en las áreas urbanas de todo el mundo y hacer copartícipes a los gobiernos locales en la gestión y vigilancia del cumplimiento de los principios establecidos en el Pacto Mundial por parte de las empresas. La primera ciudad en plegarse al programa fue Melbourne a principios de 2001, y se convirtió en una vía novedosa para lograr resultados significativos vinculados al pacto. A partir de esta experiencia, varias ciudades se han sumado a este programa, tales como Porto Alegre, Ulán Bator, Tswana, San Francisco y Jinan entre otras. Desde el año 2007, este programa ha crecido en importancia como referencia mundial de respuestas acertadas de las ciudades frente al cambio climático, reconocido por ONU-HABITAT.
No obstante, las críticas al Pacto Mundial son contundentes. Muchas organizaciones de la sociedad civil aseguran que sin mecanismos de control efectivos, y medidas vinculantes para las empresas multinacionales, el Pacto Mundial fracasa en hacer que las corporaciones rindan cuentas debidamente. Inclusive, muchos críticos aseguran que el Pacto Mundial ha servido como instrumento de relaciones públicas pero sin capacidad de lograr verdaderos cambios, y que además sirve de excusas para evitar que otros instrumentos internacionales con mayor fuerza vinculante entren en vigencia. Otra de las grandes críticas es que el pacto se ha convertido en la puerta de entrada de las corporaciones transnacionales en el discurso político y el establecimiento de estrategias de la Organización de Naciones Unidas.
En general estas críticas se enfocan en tres aspectos: 1) el pacto no tiene mecanismos para sancionar a las empresas multinacionales que no cumplan con los principios, 2) la participación de una corporación en el pacto no depende de que haya hecho progresos demostrables en ninguno de los ámbitos, y 3) el Pacto Mundial ha admitido a compañías transnacionales de dudosos antecedentes humanitarios y ecológicos, en contraposición con lo requerido en los principios.
Teniendo en cuenta todo lo anterior, el pronóstico es incierto. Los Estados y las organizaciones internacionales no pueden monitorear efectivamente a las empresas. Los individuos y la sociedad civil tienen un alcance limitado y sólo es efectivo en algunas circunstancias. Tampoco es factible que las empresas se autorregulen para cumplir con los principios medioambientales del Pacto Mundial. Pero la tríada anterior si puede trabajar en sincronía para mitigar el acelerado deterioro ecológico causado por la acción humana. Es decir, que la interdependencia entre individuos, Estados y empresas es la única posibilidad para tener logros verdaderos y sostenidos en el largo plazo.

Los críticos del Pacto Mundial pasan por alto las enormes dificultades y lo improbable de establecer mecanismos diferentes a éste. Es mucho más efectivo trabajar con las herramientas actuales, corregir lo que sea necesario y perseverar en el esfuerzo por cambiar los paradigmas de producción, consumo e interacción con el medio ambiente. Después de todo, no sería la primera vez que cambios paradigmáticos revolucionan las estructuras aparentemente monolíticas de las corporaciones multinacionales. Para dar un ejemplo análogo, podemos decir lograr que las empresas contribuyan genuinamente al desarrollo sostenible en este siglo XXI, será el equivalente a la abolición de la esclavitud del siglo XIX.

El deporte en la resolución de conflictos


Publicado por primera vez en Asociación Civil Rugby Para Todos

Practicar una actividad deportiva es algo natural en la persona y altamente deseable por varias razones fundamentales. Sin un orden específico, podemos mencionar que trae numerosos beneficios para la salud y la calidad de vida de las personas. Además, proporciona entretenimiento y diversión, lo que contribuye también con el bienestar del individuo. La tradición es otro factor que podemos incluir, y su importancia está vinculada con nuestra cultura. Adicionalmente, el deporte constituye un vehículo educativo y proporciona herramientas para la construcción de valores. Todo esto, sin contar el posible rendimiento económico que trae consigo la práctica profesional de algún deporte. Es decir, que el deportista se beneficia a sí mismo y beneficia a la sociedad.
Por supuesto, algunos beneficios son más tangibles en cierto tipo de deportes. La solución de conflictos y la cohesión social se materializan con mayor fuerza gracias a los deportes de equipo. En el mundo, hay numerosos ejemplos de iniciativas privadas y públicas que usan el deporte para disminuir e inclusive solventar tensiones étnicas y crisis sociales. El trabajo en grupo, los objetivos en común, el sentimiento de igualdad ante las circunstancias, los valores conjuntos y la recompensa compartida logran reparar el tejido social. Estos elementos tienen el potencial para construir un futuro mejor dentro de comunidades y territorios en cualquier parte del mundo.
Como ejemplo, podemos mencionar la capacidad que ha tenido el rugby para aliviar conflictos en Costa de Marfil, Nueva Zelanda, y más notablemente en Sudáfrica. En el país oceánico, ha contribuido con la integración efectiva de la población aborigen y con la formación de una identidad nacional sólida que refleja esta integración. En Costa de Marfil, la Federación Marfilense de Rugby en Conjunto con la IRB y la Organización Paz y Deporte ha iniciado una campaña para reintegrar a la sociedad a más de 200 niños marginados por el conflicto interno que sufre el país. La selección neozelandesa con su emblemático “haka” ha logrado establecer indefectiblemente la cultura maorí dentro del canon nacional y así es reconocido mundialmente. En Sudáfrica el impacto ha sido mucho más profundo por la naturaleza del nefasto sistema de apartheid que existió hasta los años 90. Gracias a los esfuerzos de Nelson Mandela y del Capitán de la selección de rugby sudafricana, François Pienaar, se pavimentó el camino a la reconciliación nacional.
La Organización de Naciones Unidas tiene una Oficina del Deporte para el Desarrollo y la Paz (UNOSDP). Esta instancia realiza  conferencias, reportes, relaciones públicas, campañas mediáticas y establece redes para crear conciencia sobre el rol de las actividades físicas, deportes y juegos en la consecución del desarrollo y la paz, incluyendo los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM).  Esta oficina ha promovido la creación de centros juveniles en Burundi, en Tayikistán, en la Franja de Gaza, en Haití y en Ucrania, con el propósito de aliviar las tensiones étnicas, fortalecer los derechos de la mujer, promover el desarrollo psico-social, dar oportunidades a los niños discapacitados y brindar oportunidades de crecimiento a los jóvenes en situación de pobreza extrema.
La práctica del deporte tiene la capacidad de fortalecer la formación ética de los individuos y promover la tolerancia dentro de la sociedad. Sin embargo, en ocasiones, cuando somos los espectadores y no los participantes olvidamos los valores fundamentales de la actividad deportiva. El deporte debe unir, no separar. La competencia debe motivar, no generar animadversión. Y además, el disfrute del deporte no tiene necesariamente que estar ligado al lugar de nacimiento o residencia, por lo que invocar razones para validar o invalidar la afición también atenta contra el espíritu deportivo.
El deporte no es una panacea, ni existe sólo una cara de la moneda. Debido a que es un fenómeno cultural, el deporte es un reflejo de la sociedad con todas sus controversias y contradicciones. Puede contener numerosos problemas como la violencia, corrupción, discriminación, hooliganismo, nacionalismo, dopaje y fraude. Para evitar estos aspectos y para desarrollar toda la capacidad positiva en pleno del deporte, debe haber una interacción responsable entre los deportistas, entrenadores, espectadores e instituciones vinculadas.
En síntesis, practicar un deporte va mucho más allá de la recreación o la salud. La interpretación del espectador puede transformar el juego en un campo de batalla, sin embargo los deportistas no son soldados enemigos. Por el contrario, cuando dos equipos se enfrentan, dos equipos progresan y generan beneficios individuales y sociales, que potencialmente pueden generar cambios positivos en la dinámica social. Pero la responsabilidad recae en toda la sociedad, y cada uno de nosotros debe ser garante de que las actividades deportivas sean una herramienta para el desarrollo, la paz y en ocasiones, la resolución de conflictos.

Cuatro años más

Estados Unidos de América tiene una influencia (para bien o para mal), tan vasta en la política mundial e inclusive en la política doméstica de los países, que la elección presidencial es un acontecimiento de marcada relevancia. Vale la pena seguirla y es natural tener preferencias, cuando se entiende las repercusiones que esto tendrá en el planeta. De hecho, decir que no deberíamos interesarnos en los comicios presidenciales norteamericanos, es signo de no entender su alcance en la sociedad mundial.

En mi opinión, es refrescante ver como la mayor parte de las personas que conozco que siguieron el proceso, preferían que Obama ganase las elecciones. Eso demuestra que fuera de Estados Unidos, las personas entienden muy bien lo que está en juego. De hecho, lo entienden mejor que en el norte, en donde el margen de ventaja en el voto popular es milimétrico. Y esta tendencia se repite en la comunidad internacional: es preferible un gobierno Demócrata a uno Republicano.

Calza a la perfección esa máxima que dice que las elecciones no las ganan los Demócratas, sino que las pierden los Republicanos. Porque Obama con todo su carisma y manejo del discurso, con todo y sus buenas intenciones y sus títulos universitarios, con todo y su comprensión de los problemas internos e internacionales, no ha llenado las expectativas de las personas que votaron por él y que esperaban un viraje en la manera de hacer política que tanto daño le ha hecho a los norteamericanos de a pie, al país y a sus instituciones.

Con el Partido Republicano pasa un fenómeno análogo al cuento de “la gallina y el huevo”. Es difícil precisar qué fue primero: la base cristiana fundamentalista de extrema derecha en necesidad de un partido que los represente, o la capitalización (y explotación) por parte del partido de las masas mal informadas y profundamente conservadoras. Es un proceso complejo de entender si no se sigue constantemente las particularidades de la política norteamericana.

Es una dicha para Estados Unidos y para el mundo que haya perdido el Partido Republicano, ya que éste hoy en día se erige como el partido anti-desarrollo social, anti-comercio internacional, anti-avance científico, anti-ecológico, anti-intelectuales, anti-tolerancia religiosa, anti-inmigración, anti-cooperación internacional, anti-derechos humanos, etc. Es inaudito que estos lineamientos tan extremistas dentro del Partido, estén allí debido a que son atractivos para un número ingente de norteamericanos.

El Partido Republicano ha sido además muy eficiente manipulando y engañando a sus votantes, haciendo parecer que el gobierno de Obama es comunista, pro-musulmán y una sarta de sinsentidos. Para un observador externo es difícil creer que la gente de crédito de semejantes patrañas.

De hecho, la gente que entiende de política en los Estados Unidos, sabe que Obama no es realmente el adalid de los Demócratas y que sus discursos liberales no concuerdan con el producto de sus políticas. Este gobierno tiene más en común con el conservadurismo moderado de Reagan que con el liberalismo internacionalista de Roosevelt. Adicionalmente, el votante norteamericano juzga la gestión del presidente por el presupuesto nacional, por el desempeño de la economía e inclusive por el precio del petróleo. En el primer caso, es competencia del Congreso la asignación de presupuesto y el endeudamiento, en el segundo caso el sector privado y los inversionistas tienen una influencia mucho más directa en el comportamiento de la economía que el Ejecutivo Nacional, y en el tercer caso los precios del petróleo se forman de acuerdo a multitud de variables, entre ellas leyes de la oferta y la demanda mundial (manipuladas o no) y factores tan complejos que evidentemente escapan de las manos de este Presidente.

En síntesis, es una suerte que un gran sector de la población norteamericana no comulgue con el extremismo del que se ha hecho eco el Partido Republicano, ya que estos votantes no partidistas son los que definen el resultado electoral. Por lo que se ve, la gente no está satisfecha con Obama, pero rechaza el Estados Unidos obscurantista al que los Republicanos apelan entre sus adeptos fervientes.

La migración y su efecto en la economía

* Artículo publicado el 10 de septiembre de 2012 en el portal chileno de empleos Estamos en contacto
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La migración como hecho social, conlleva dos acciones simultáneas: emigrar, que significa salir del lugar de origen; e inmigrar, que es llegar al lugar de destino y establecerse allí. Esta diferenciación doble, que parece trivial arrastra implicaciones importantes desde varias dimensiones. Desde el punto de vista jurídico, la emigración es un derecho reconocido por la Declaración Universal de los Derechos Humanos, sin embargo la inmigración tiene significativas limitaciones, ya que ésta solamente es posible (o legal) si el país receptor está dispuesto a admitir y reconocer al inmigrante.
Asimismo, la dualidad también se presenta desde el punto de vista sociológico. Las personas, por lo general no tienen reparos en que nacionales emigren del país, por las razones que sean; no obstante, también por lo general, las personas tienen objeciones a que extranjeros inmigren a su país. Lo anterior no es una regla absoluta pero es común escuchar argumentos y opiniones que respalden lo anteriormente descrito.
Es posible que esta opinión predominante hacia la migración, se deba a una comprensión intuitiva o empírica de los efectos económicos de la misma, específicamente  en los salarios de los trabajadores en ambos países (emisor y receptor). Entendemos que los inmigrantes están dispuestos a cobrar salarios más bajos que los nacionales y vemos eso como negativo. Aún así es importante explicar las razones para que se de este fenómeno, y además dilucidar si esta opinión generalizada intuitiva y/o empírica está justificada.
Antes de seguir, es bueno aclarar que hay múltiples causas para las migraciones: presiones demográficas, regulaciones jurídicas, vínculos históricos y culturales, respuestas psicológicas ante riesgos de diversas índoles, conflictos bélicos o restricciones políticas, etc. Nuestra explicación sin embargo, se enfocará en las causas económicas y diferencias en el nivel de vida: ingresos, empleo, prestaciones sociales, servicios públicos y otros aspectos vinculados.
En primer lugar tenemos que establecer que las leyes de la oferta y la demanda se aplican al trabajo y a la migración. Hay oferta de migrantes (mano de obra), y hay demanda de migrantes (ídem). La persona que emigra lo hace por voluntad propia, pero es difícil medir específicamente qué factores son determinantes en la oferta de migrantes, y sobre todo qué incentivos hay para que el migrante retorne después de un tiempo. Lo mismo pasa con la demanda de trabajadores, que puede ser afectada por variables tales como el envejecimiento de la población económicamente activa, la necesidad de cubrir ciertos puestos de trabajo que no son aceptados por la población autóctona, la proximidad geográfica o cultural, entre otros.
Ahora bien, entendemos que hay un efecto a corto plazo en los salarios. En el país de destino, los inmigrantes están dispuestos a hacer el mismo trabajo que los nacionales por una remuneración menor. Los empleadores prefieren reducir costos pagando menos salarios, por lo que automáticamente la oferta de mano de obra inmigrante suple a la demanda de puesto de trabajo de bajos costos. Si un trabajador nacional quiere ocupar un puesto de trabajo de este tipo, deberá ajustar su expectativa de salario a lo que un inmigrante está dispuesto a recibir y esto se convierte en el nuevo estándar. Por lo tanto, la inmigración tiene como efecto la reducción del promedio de los salarios recibidos por ciertos tipos de trabajos.
En la nación de origen pasa lo contrario. La escasez de cierto tipo de trabajadores, hace que la demanda supere a la oferta de trabajo, por lo que la remuneración será mayor al promedio. Si la remuneración no aumenta, habrá más presión para emigrar y por ende habrá más escasez de trabajadores. En el mediano o largo plazo, cuando el promedio de los salarios del país de origen ha subido significativamente, habrá un incentivo económico para que el emigrante regrese a su país pues tendrá mejores condiciones laborales que las que había en el momento que emigró.
Pero los efectos en el país de destino no tienen por qué reducirse a lo que explicamos antes. Sobre todo, si existe una red de acogida e incorporación del inmigrante a la vida productiva del país. Los inmigrantes integrados pueden abrir nuevos negocios y contribuir a crear riqueza. Pueden promover el turismo interno, al recomendar a sus familiares  amistades que visiten y conozcan el país de destino. Si forman parte de la economía regular, contribuirán con sus aportes (cotizaciones en el seguro social o pago de impuestos) a sostener el gasto público, y además, pueden contribuir con el rejuvenecimiento y la explosión demográfica de la población económicamente activa.
En síntesis, la migración tiene grandes externalidades positivas a mediano y a largo plazo tanto para el país origen como para el país destino, siempre y cuando el país que albergue a los inmigrantes tenga las políticas y legislación adecuada para la admisión de los extranjeros dentro de su sistema productivo.

Contra la Integración (parte 2)


Después de que se desata la severa crisis de Grecia y los otros países europeos afectados, empezaron a surgir euro-escépticos por todos lados. Expresar un diagnóstico a posteriori no necesariamente carece de mérito si la visión ofrece nuevas luces a un problema conocido. O si hace más sencillo el entendimiento de un fenómeno complejo. Pero simplemente hacer leña del árbol caído no tiene ni gracia ni utilidad.
La unificación monetaria no es un requisito sine qua non de las etapas avanzadas de la integración económica. La Unión Europea llegó a ella porque tenía sentido en el momento y no es necesario redundar en los fallos ahora visibles de esa decisión, al menos en lo que respecta a incorporar a los indisciplinados mediterráneos al euro. La moneda única no es ni la causa de la crisis, ni la consecuencia de la integración, sencillamente es una variable más.
Se puede alcanzar niveles importantes de crecimiento y bienestar económico fuera de la integración regional, como lo demuestran varios países, si se diversifica la dependencia comercial y se estimula la inversión.  Sea por principios (Suiza), por estrategia (Chile), o por factores exógenos (Taiwán), hay algunos países que no forman parte de manera formal o como miembros plenos en tratados avanzados de integración regional. Para estos países, lejos de ser una desventaja, ha sido un factor determinante en su desarrollo y en su nivel de productividad e innovación.
Inclusive Japón, la cuarta economía del mundo, y dos de los países emergentes de mayor envergadura, China y Rusia, participan de manera muy tímida en los esquemas de integración de sus respectivas regiones; prefiriendo el estatus de miembro asociado para no limitar sus políticas exteriores y comerciales. De los llamados BRICS, sólo Brasil participa de manera entusiasta en la integración regional con miras a acuerdos profundos y avanzados según el modelo tradicional.
La integración regional, tiene como pilar fundamental el principio Trato Nación Más Favorecida, que se traduce en discriminación comercial a los países que no sean miembros del tratado. Esta discriminación cumple con el propósito de fortalecer los vínculos comerciales entre los Estados miembros, pero puede tener un alto costo de oportunidad a la hora de firmar tratados potencialmente más beneficiosos con socios comerciales más atractivos para el desarrollo de los mercados, la generación de riqueza y la transferencia de tecnología.
Pero además, es la innovación política la que peligra más dentro de la integración regional. Los aspectos de gobernanza dinámicos que necesitan las sociedades modernas, requieren flexibilidad y capacidad de adaptación constante. Las instituciones supranacionales de la integración, suelen ser aparatos burocráticos desconectados de las realidades nacionales y carecen de los elementos necesarios para servir a los verdaderos propósitos políticos aristotélicos: lograr que las personas vivan bien.
La economía de escala y los mercados intra-industriales crecen con la  integración regional, pero es otro tipo de mercado el que me preocupa. Me preocupa el ambiente dentro del cual se propagan y viven las ideas, o por el contrario se marchitan y mueren: el mercado de las ideas. Las instituciones del Estado, tienen el deber de garantizar que la esfera pública ofrezca un mercado de ideas libre y vivaz. No obstante, las instituciones burocráticas, por su naturaleza funcionan en contra de este principio
La antigua Organización para la Unidad Africana era en la práctica nada más que un club de dictadores que condonaban y legitimaban mutuamente sus regímenes corruptos. Los tratados de integración que hacen énfasis en el aspecto político de la misma, y que buscan centralizar la toma de decisiones, se convierten en vecindarios con techos de vidrio. La sociedad civil, que necesita sistemas democráticos flexibles, encuentra legitimados ante el foro internacional y la promesa de la integración estos sistemas burocráticos rígidos.
En un mundo ideal, la integración debe ser el vehículo para la generación de riqueza y bienestar en la población. Muy pocos países en el mundo actual están al margen de la integración regional, y sin embargo la pobreza es un problema persistente en tres cuartas partes del planeta. Si cuarenta años de integración no han acelerado el proceso de desarrollo de los países que más lo necesitan, no ha sido por falta de intentos sino por falta de creatividad y de incorporación de las iniciativas particulares que no tienen acceso a la toma de decisiones. La voluntad política necesaria para que la integración esté al servicio del desarrollo, ha estado estancada por las burocracias estatales. Históricamente han sido los individuos los que aportan su ingenio e innovación al progreso, no los gobiernos.

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