Sobre Al Qaeda, el terrorismo y el futuro

terrorist-kidLa muerte de Osama bin Laden coloca de nuevo en la palestra la discusión sobre el terrorismo: su alcance, sus métodos, sus efectos, su futuro. Hay muchos analistas y expertos que manejan el tema con mucha más profundidad que yo; simplemente quiero contribuir al debate con algunas ideas sobre el terrorismo en el ámbito conceptual y práctico, enfocándome en Al Qaeda, la figura carismática de su líder muerto y el efecto de este singular evento.

En primer lugar es importante entender que Al Qaeda viene siendo una especie de franquicia en cuanto a organizaciones paramilitares se refiere. Existe una célula central en Afganistán y Pakistán, la cual estaba liderada y financiada por Osama, y de la cual todas las otras células alrededor del mundo tomaban inspiración y bases ideológicas, y operan y toman decisiones de manera totalmente descentralizada. Entre esas células descentralizadas tenemos las de la Península Arábica, la del Magreb, la de Irak, la de Somalia, la de Filipinas, e inclusive la de Nigeria.

Es decir que Osama bin Laden es la figura central del grupo terrorista, pero su muerte no acaba automáticamente con las organizaciones que adoptan la “marca” Al Qaeda para identificarse en sus operaciones contra occidente. E inclusive, occidente es un término usado muy a la ligera ya que en muchas ocasiones estás organizaciones islamistas atacan musulmanes en Asia y África.

obama1Sin embargo, esto no quiere decir que el terrorismo internacional no haya sufrido un duro golpe con la muerte de bin Laden, ya que han perdido a un líder carismático muy difícil de suplantar y con grandes posibilidades financieras y de recaudación de recursos. Por poner un ejemplo análogo, la muerte de Hitler no acabó con el nazismo o el antisemitismo, pero sin duda disminuyó enormemente sus capacidades de causar estragos. Osama bin Laden no es un terrorista cualquiera que murió con un chaleco bomba en Tel Aviv o en Colombo y que puede ser martirizado para la causa; al contrario, murió asesinado después de años de escapar y esconderse, y no luchando su llamada “Jihad contra los cruzados y judíos”. Morir humillado de esta manera debilita las ya menguadas capacidades de reclutamiento de Al Qaeda.

Uno de los argumentos centrales de Osama era que los pueblos árabes tienen líderes corruptos que trabajan para los intereses de occidente y que sólo a través de la lucha armada en suelo infiel, se podía contrarrestar esto para el establecimiento de Estados islámicos integristas en todo el mundo musulmán. No obstante, la llamada “Primavera Árabe” demostró que los cambios políticos podían obtenerse con luchas civilistas en casa, y que los cambios que quiere la gente no apuntan al estado teocrático o califato, sino a las instituciones democráticas y la obtención de libertades individuales.

etaEl terrorismo, que vive en muchos rincones del planeta y adopta muchos rostros diferentes seguirá existiendo y condicionando mucho de la política mundial, pero el terrorismo islámico internacional representado en Al Qaeda ha sufrido una gran derrota. Toda organización terrorista (que obviamente no piensa de sí misma como “terrorista”), busca el apoyo político de un amplio sector no militante de la sociedad en donde operan, que por convicción comulgue con sus tácticas y operaciones de violencia sistemática para legitimarse. Al Qaeda ha perdido una gran cuota de ese apoyo en el mundo árabe porque ha dirigido gran parte de esa violencia contra musulmanes árabes, no ha logrado ninguna victoria visible en su guerra asimétrica en contra de occidente en Afganistán, Irak, Arabia Saudí o siquiera Israel, y porque las tecnologías de información e internet han despertado un profundo cambio en las juventudes del Norte de África y Oriente Medio.

Hoy el héroe árabe del momento es el tunecino Mohamed Buazizi, quién con su protesta extrema, sin daño a terceros, ganó la batalla al terrorismo suicida que proponía Osama bin Laden para sus soldados pero no para sí mismo.

¿Qué significa realmente transculturización?

El vocablo en sí, no me molesta. Las palabras no tienen carga moral, son neutras. Me molesta su uso, los juicios de valor implícitos que arrastra el que la esgrime con esa carga peyorativa y que me parece absurda en el mejor de los casos.

alexclockworkYo veo el término como redundante. Como decir transconocimiento o transevolución. El prefijo significa que cruza o va al otro lado de o detrás de (transcurso, transiberiano, transexual). Pero transculturización es concretamente usado para atacar lo que yo veo como el curso natural que sigue la cultura como hecho social: la transformación e incorporación de elementos culturales de diferentes espacios geográficos.

Así como el conocimiento no es estático e inmutable, la cultura, que básicamente es todo lo que los humanos hacemos que los monos no hacen, también es un fenómeno en constante proceso de cambio, adaptación e integración de múltiples elementos de diversos orígenes. Y eso no es algo malo per se, es la cultura viva; ergo, la transculturización es simplemente el comportamiento natural de la cultura.

Es también fácil explicar por qué algunas personas sienten rechazo a estos procesos naturales de la integración cultural (o si prefieren, transculturización): psicológicamente está relacionado con el desarrollo personal y dos de sus brazos: la afirmación de uno mismo y la afirmación de lo ajeno.

traditional-familyComo dice el psicólogo barcelonés Joan Garriga, las personas tratan de ser leales a su procedencia y su familia, con sus reglas, costumbres y tradiciones, afirmándose en su identidad para extenderse y desarrollarse en su entorno. Y sin embargo, un desarrollo pleno, solo se logra cuando también se incorpora la ajeno como propio y de igual derecho.

La consciencia nos dicta que es bueno sentir lealtad a la “familia”, incluso de manera no crítica, y “ nos sentimos inocentes si hablamos la lengua de nuestros padres y cumplimos con la cultura, las reglas y lo previsto en otros muchos aspectos, y culpables si desarrollamos conciencia propia sobre lo adecuado y lo bueno y lo malo y vamos más allá de lo que marcan los cánones y creencias de nuestro grupo”.

thinker1En términos prácticos, se vilipendia al rock, Harry Potter o a las películas de Hollywood (por ejemplo) por representar esa transculturización en Venezuela o Latinoamérica. Nos sentiríamos inocentes si escucháramos golpe tuyero, leyéramos a Tío Conejo o viéramos todas las películas de la Villa del Cine, porque eso “es lo nuestro”. ¿Por qué no hablamos de transculturización cuando comemos arroz o cuando tomamos café, o cuando usamos zapatos o relojes?, ¿cómo no le decimos transculturizados a los llaneros a caballo, o a las personas que van a la iglesia, a Antonio Lauro con sus valses venezolanos (evidente transculturización austríaca) o a las que usan números romanos, o a las personas que viven en apartamentos y casas?

La cultura es un cúmulo de experiencias, tecnologías, avances, expresiones y sentimientos de la humanidad: Mientras el mundo se hace cada día más abierto gracias a las telecomunicaciones y los viajes, la cultura se transforma más rápidamente y más humanos tendremos más cosas en común.

La necesidad de creer

Cuando buscamos disfrazar nuestra imaginación con una excusa espiritual, lo llamamos fe, y de pronto todo queda justificado. Y es que las personas están dispuestas a ejercicios olímpicos de retórica y falsas premisas para ajustar cualquier razonamiento a lo que ya desde antes se creía. Las convicciones, supersticiones, la fe, son bastiones inamovibles, que ni la evidencia, ni los argumentos pueden minar.

Sin embargo, muchos “guerreros de la fe” optan por no dar explicaciones más que la fe misma y su inexplicabilidad y/o se van en medio de insultos o menosprecios. Este tipo de personas, no ofrecen una oportunidad al diálogo, tal vez porque en el fondo están conscientes de que las bases de su bastión de fe son débiles ante un escrutinio minucioso. Por eso, no vale la pena reflexionar ahora en ello. Llaman más la atención aquellos que buscan razonar sus creencias, con tintes inclusive científicos.

Este tipo de creyentes no se limitan a los teístas, que son un blanco fácil; hay también creyentes (integristas) del medio ambiente, la política, la economía, la naturaleza humana, la literatura, y tantos otros temas como posibilidades cuánticas en nuestro universo.

Por ejemplo, hay datos fácticos y evidencia científica del impacto que tenemos los humanos en el cambio climático. Sabemos que afectamos el medio ambiente con nuestro comportamiento y conocemos posibles consecuencias de la concentración de CO2 en la atmósfera. Hay un montón de personas que niegan que esto sea una realidad, o minimizan la importancia del cambio climático. Creo que son mucho más dañinos los que llevan su preocupación legítima por el medio ambiente a extremos infundados y embriagados de fanatismo, mala información y propaganda masificada. Aquellas personas que apoyan cualquier iniciativa que parezca “verde” sin detenerse a razonar o a verificar la ciencia detrás del planteamiento inicial. De eso, hay muchos ejemplos.

De igual manera, hay leyes económicas, estudiadas, probadas y evidenciadas. Aun así, en el tema económico, hay millones de personas que piensan que la ideología lo resuelve todo, y que la ideología ofrece soluciones económicas a los problemas. Que esas leyes económicas reales de las que hablo (oferta y demanda, ventajas comparativas, incentivos, costos de oportunidad, etc.) son constructos de conspiradores con ideologías inservibles. Y si me extiendo en este punto podría escribir un libro.

Lo más asombroso es que cuando estos creyentes se enfrentan con la realidad que los contradice, razonan explicaciones accesorias para enfundar a como dé lugar, su preconcepción con el panorama que se les presenta ante sus ojos. La ciencia llama a este fenómeno “razonamiento motivado” y la explicación radica en que la emoción permea el razonamiento y que los sentimientos positivos o negativos surgen en milisegundos, mucho antes que nuestro pensamiento consciente.

Evolutivamente tiene sentido, pero sus derivaciones llegan a ser tan risibles como la convicción de que el advenimiento está cerca (2012 máximo), que Nostradamus predijo los sucesos del 11 de septiembre de 2001, que el holocausto nunca sucedió, o que la inflación es culpa de los acaparadores, o que la cultura tiene que ser inmutable e impermeable, que Obama no nació en Estados Unidos. Tonterías.

El problema no es Wikileaks


Aunque ya el furor y los múltiples debates generados a causa de Wikileaks perdieron momentum, Julian Assange está esperando si procede su extradición y Bradley Manning en severa restricción de libertad, como periódicamente siguen apareciendo cables diplomáticos en los servicios de noticias internacionales, vale la pena señalar "el elefante en la habitación".

En primer lugar, la aparición, continuidad y supervivencia de Wikileaks es una manifestación legítima de la libertad de expresión que occidente clama tener. Cualquier maniobra jurídica o retórica para menoscabar el derecho de esta organización es una jugada política que cercena el derecho de todos. Una sociedad que se vanaglorie de garantizar la libertad de expresión, no sólo es hipócrita al censurar a Wikileaks, sino que está violando sistemáticamente un derecho humano.

A finales de la Primera Guerra Mundial, Woodrow Wilson hizo un llamado teñido de idealismo en donde se abogaba por un nuevo orden mundial en donde los Convenios Internacionales fueran abiertos y la diplomacia no fuese secreta. Y aunque en la teoría política hay divergencias sobre este punto, lo cierto es que Wilson señaló la diplomacia secreta como responsable de guerras indeseadas por la población y que una verdadera democracia no debe hacer pactos internacionales ocultos que comprometan los recursos e incluso la vida de las personas de ese país.

Ahora bien, ya se ha dicho que los cables diplomáticos divulgados por Wikileaks no representan información novedosa. Cualquier persona que siga las noticias y que conozca un poco la situación de un caso dado, puede manejar incluso más información que la que parecen tener los embajadores norteamericanos en sus misiones. Y sus opiniones se alinean con la opinión pública generalizada del país en dónde están.

Hillary Clinton dijo que Wikileaks puso en peligro la vida de muchas personas y que representaba un riesgo para la seguridad nacional. Más convincente es Robert Gates cuando afirma que es embarazoso e incómodo pero con impacto modesto para la política exterior norteamericana. No obstante impacta a Estados Unidos muy duro (y quizás a los diplomáticos de todo el mundo) al poner en evidencia lo obsoleto de las embajadas a la hora de recabar información para enviarla a sus respectivos ministerios.

Wikileaks nos enseñó que los analistas de las embajadas revisan los periódicos diariamente, luego redactan un informe con el resumen de lo que se considere relevante y luego el embajador sintetiza la información, añade como propia la opinión pública sobre el tema y quizás adorna un poco la prosa para enviar esto a su respectiva cancillería. Assange, quien no es más que un anarquista ególatra y posible nihilista, puso en evidencia lo desvencijado de este sistema que resulta un sustituto ineficiente y costosísimo de una suscripción al New York Times.

El elefante en la habitación, para los que no lo han notado, es que los editores en jefe de Le Monde o de El País (por ejemplo), manejan más y mejor información que la Secretaria de Estado Hillary Clinton.

Nacionalismo

"Cuantas menos razones tiene un hombre para enorgullecerse de sí mismo, más suele enorgullecerse de pertenecer a una nación."

Arthur Schopenhauer


El orgullo es vanidad y exceso de estimación propia. Es darse a uno mismo un valor abultado. Por eso es técnicamente incorrecto estar orgulloso de los logros de otra persona. Uno puede estar rebosante de felicidad, extasiado de gozo, pero nunca orgulloso por logros de alguien más. Y aun así, puedo pasar por alto la frase cuando se usa de esa manera (que orgullo me da que te hayan ascendido), ya que igual entiendo el sentido de la oración y el mensaje llega claramente, por lo que no veo necesario ser tan quisquilloso.

Pero hay un caso en donde si soy quisquilloso. El orgullo nacional.

Hay un par de razones, y trataré de explicarme. Básicamente un argumento deriva del otro y las implicaciones desafían al paradigma nacionalista que muchas personas consideran no sólo legítimo, sino además deseable y plenamente positivo.

En primer lugar, y aunque mejor no lo puede decir Schopenhauer, el orgullo debe sentirse por un logro propio. Nacer en una determinada nación, no es para nada un acto consciente o voluntario, y por consiguiente puedo entender que una persona se sienta a gusto, feliz, en paz, resignada, etc., de haber nacido en un determinado país; pero sentirse orgullosa no tendría sentido. Tiene sentido sentirse orgulloso por trabajar en un sitio señalado o por haber estudiado en un lugar específico si la elección la hizo la persona, pero no hay elección alguna en el país de nacimiento, ergo estimarse en demasía por eso, carece de sentido. Se deriva de esto, que el orgullo nacional (y no el amor por la nación, que nace del apego y es perfectamente válido) es un sentimiento sin base y por tanto absurdo.

Consecuentemente, más allá del uso catedrático de la lengua, está el trasfondo de ese sentimiento “orgulloso” por la nación propia. Al declararse uno mismo nacionalista, se está declarando de forma solapada (y a veces de manera directa) el sentimiento de creerse superior a los que no comparten tu nacionalidad, simplemente por azar geográfico. Ese nacionalismo es una idolatría en dónde se interpreta la historia de modo arbitrario e inexacto, y en dónde la lengua, religión, etnicidad, cultura y demás características coyunturales se toman como grandiosas e inigualadas por ninguna otra nación.

Considero que el nacionalismo es algo intrínsecamente negativo por lo siguiente: a) con él se asume que unas personas son, por su pertenencia a un grupo, mejores que otras. Totalmente incompatible con el humanismo, y totalmente en sintonía con los Bóer sudafricanos que mantenían que su nación blanca era mejor (superior) a la nación negra original de la zona, dando como resultado el Apartheid como la manifestación legal del nacionalismo; y b) porque implica que el problema está afuera, y por ende la solución implícita de este problema siempre estará afuera. Por ejemplo: el problema de Alemania son los judíos, el problema de Turquía son los armenios, el problema de Venezuela son los gringos (o los españoles, o portugueses, o colombianos, etc.) El orgullo nacional es la semilla de la xenofobia, y como el licor barato, dependiendo de la dosis te puede llevar de la euforia hasta la inconsciencia total.

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